Saramago redime a Caín de su asesinato en su nueva novela

•29 Agosto 2009 • Dejar un comentario

Saramago redime a Caín de su asesinato en su nueva novela (efe – lavanguardia.es)

El escritor portugués publicará en octubre ‘Caín’, con el que vuelve a cuestionar temas de la religión.

José Saramago vuelve a ocuparse de la religión en Caín, su nueva novela, que se publicará en octubre, en la que redime a su protagonista del asesinato de Abel y señala a Dios “como el autor intelectual al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido”. Su editor en portugués, Zeferino Coelho, la llevará a la Feria del Libro de Fráncfort el próximo octubre y a finales de ese mes estará en las librerías de Portugal, América Latina y España, aquí también en catalán.

Será en Lisboa, en su presentación mundial, donde el Nobel hable por primera vez de su nuevo libro, pero desde su casa de Lanzarote, donde pasa el verano y ya prepara las maletas para volver a Lisboa, ha explicado a Efe a través del correo electrónico que lo que nos ha querido decir con Caín es que “Dios no es de fiar. ¿Qué diablos de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín?”.

Casi veinte años después de su discutido libro El evangelio según Jesucristo, que fue vetado por el Gobierno portugués para competir por el Premio Europeo de Literatura, el Nobel luso hace un irreverente, irónico y mordaz recorrido por diversos pasajes de la Biblia pero no teme que vuelvan a crucificarle. “Algunos tal vez lo harán -explica Saramago-, pero el espectáculo será menos interesante. El Dios de los cristianos no es ese Jehová. Es más, los católicos no leen el Antiguo Testamento. Si los judíos reaccionan no me sorprenderé. Ya estoy habituado. Pero me resulta difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro”.

José Saramago no considera este libro su particular y definitivo ajuste de cuentas con Dios -”las cuentas con Dios no son definitivas”, dice-, pero sí con los hombres que lo inventaron. “Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él”, explica el autor.

Niega que la cercanía de la muerte, hace ahora un año debido a su enfermedad, le hiciera pensar más en Dios. “Tengo asumido que Dios no existe, por tanto no tuve que llamarlo en la gravísima situación en que me encontraba. Y si lo llamara, si de pronto él apareciera, ¿qué tendría que decirle o pedirle, que me prolongase la vida?” Y continúa Saramago: “Moriremos cuando tengamos que morir. A mí me salvaron los médicos, me salvó Pilar (su esposa y traductora), me salvó el excelente corazón que tengo, a pesar de la edad. Lo demás es literatura, y de la peor”.

Hace un año, el escritor sorprendió a sus lectores por la ironía y el humor que destilan de las páginas de El viaje del elefante y ahora vuelve a las andadas con Caín. Para él es un misterio. Y reflexiona: “No fue deliberado ni premeditado, la ironía y el humor aparecen en las primeras líneas de ambos libros. Podía haberlo contrariado e imprimirle un tono solemne a la narrativa, pero lo que está me vino ofrecido en una bandeja de plata, sería una estupidez rechazarlo”.

El escritor empezó a pensar en Caín hace muchos años, pero se puso a escribirlo en diciembre de 2008 y lo terminó en menos de cuatro meses. “Estaba en una especie de trance. Nunca me había sucedido, por lo menos con esta intensidad, con esta fuerza”, rememora para Efe. Saramago, que una vez escribió que “somos cuentos de cuentos contando cuentos, nada” y así sigue viéndose, escribe más y más rápido que nunca (tres libros en un año), quizás como la mejor manera de seguir vivo. “Es verdad. Tal vez la analogía perfecta sea la de la vela que lanza una llama más alta en el momento en que va a apagarse. De todos modos, no se preocupen, no pienso apagarme tan pronto”, sentencia.

En su blog (blog.josesaramago.org) aparece hoy el anuncio de la nueva novela y una carta de la presidenta de la Fundación Saramago, Pilar del Río, en la que anuncia a los lectores del Nobel que este Caín no les dejará indiferentes.

Las redes de la fe La sociedad en la trampa de la religión

•21 Agosto 2009 • 1 comentario

Las redes de la fe. La sociedad en la trampa de la religión (Juan Jesús Yllera – escuelalibre.org)

0.- Introducción.

La religión es una construcción. O, mejor dicho, lo religioso hace referencia a múltiples y variadas edificaciones de lo sagrado que se empezaron a forjar en un momento concreto de la historia humana y que, dependiendo de su suerte, se han perpetuado a lo largo de ella. Algunas religiones lo han hecho con tal éxito que se han mantenido operativas miles de años, llegando incluso hasta nuestros días gracias a estrategias de mutación y adaptación. Como explica Daniel C. Dennett, “las religiones se transmiten culturalmente, a través del lenguaje y de la simbología, no a través de los genes” (2007: p. 45).

Lo sagrado ha adoptado en su “evolución” cultural formas muy variadas, tanto en la ficción generada como en las manifestaciones humanas de su creencia. También es verdad que las religiones han mostrado una hábil capacidad de copiar, cuando no plagiar, tanto contenidos, como personajes, historias y prácticas rituales. Es quizás por ello que quienes han estudiado el tema coinciden en la imposibilidad de dar una definición satisfactoria que delimite este multiforme objeto de estudio.

En líneas generales, lo religioso presenta una doble estructura de análisis: por un lado, el universo de lo sagrado (el Más Allá) y, por otro, la sociedad que ha proyectado dicha construcción. Dicho al revés, distintas organizaciones sociales han proyectado mundos paralelos con fines legitimadores de lo que socialmente se está haciendo. Aquí no vamos a entrar en debates ni análisis que entendemos estériles, como plantearse si existen realmente dichas ficciones (debate-trampa que acaba siempre por legitimar lo divino con la argumentación circular, y acrítica, de lo sagrado); más bien lo que consideramos de interés es la relación entre los dos ámbitos (ficción-sociedad) y, muy especialmente, las causas y consecuencias de la existencia y perpetuación del pensamiento religioso en la vida humana.

La comodidad de vivir manipulado

•2 Agosto 2009 • 1 comentario

La comodidad de vivir manipulado (Ricardo Pallejá – sindioses.org)

A cualquiera que le preguntes si se deja manipular te responderá que no. Lo hará probablemente de forma altisonante y golpeándose en el pecho, para reafirmar que él o ella tienen criterio propio y no admiten ingerencias en la toma de decisiones respecto a su vida. Normalmente las manipulaciones psicológicas son más fáciles de ver por una persona ajena y casi imposible su desaparición a menos que las evidencias resulten abrumadoras.

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El secreto para una buena manipulación es hacer creer a la persona que en realidad se trata de una idea suya. Los políticos y la publicidad intentan utilizarnos continuamente para sus propios intereses. Los primeros difícilmente nos engañan -¿alguien es tan ingenuo para creer en ellos?- sin embargo no nos queda mas remedio que votarles ya que es parte del sistema social. Las democracias no son perfectas, pero si infinitamente mejores que las alternativas dictatoriales. En cuanto a la publicidad ya depende de la poca personalidad del sujeto… pero es su derecho. Si desea gastarse el dinero en cosas innecesarias es su problema.

De lo que nos ocuparemos será de las mayores manipuladoras del mundo: las religiones. Aunque las religiones son solo un instrumento. Los hombres se las inventan -de forma consciente o inconsciente- para tranquilizar sus conciencias, aplacar temores o satisfacer ansias de poder. Así pues son solo ellos los responsables de manipular a otros seres humanos y deben responder en consecuencia. Porque no estamos hablando de llevar unos tacones demasiado altos, capaces de provocar dolor de espalda. Las religiones han sido las mayores genocidas de la historia, de forma directa: Inquisición, o su versión en otras sectas; o indirecta: Cruzadas y otras guerras instigadas por lideres religiosos sin escrúpulos. Nuestra más cercana Iglesia Católica sabe mucho sobre manipular. Sobre matar ya no, pero su comportamiento a lo largo de la historia esta manchado de sangre cada vez que ha ostentado el poder… en un 100 % de los casos.

Su forma de actuar no se diferencia de otras religiones a lo largo de la historia. De entrada no pueden demostrar nada de lo que afirman mediante pruebas fehacientes. Sus dioses están en todas partes… pero no se ven. Sus dioses todo lo pueden… pero parecen ser incapaces de hacer nada. ¿Y para que tanto poder, si luego necesitan de sacerdotes que hagan de intermediarios?. Han predicado una forma de actuar para luego saltárselo a la torera. La historia ya ha demostrado demasiadas veces su bárbara forma de actuar, su inhumana crueldad y una avaricia siempre latente. Con semejante currículo, ¿Cómo es que la gente se deja manipular tan fácilmente?. Podríamos hacer ácidos comentarios sobre la inteligencia de los creyentes, pero eso sería una visión simplista y poco justa. Si a mí me hubieran criado en una familia de creyentes, repitiéndome desde mi nacimiento una supuesta verdad… pues posiblemente también creería en fantasías cadentes de pruebas. La segunda y penosa explicación es que la manipulación resulta muy placentera para la victima. Es la forma más fantástica de vivir sin problemas. Con la existencia vital programada, la muerte predefinida y una perezosa manera de no intentar ninguna solución autentica. “Tu reza y no corras”… y de paso no luches por los derechos humanos, no derribes dictadores, ni combatas injusticias. Las religiones son las mayores paralizadoras de la mente humana, porque su función ha sido siempre preservar un determinado orden social. Este tiene la peculiar característica de favorecer, demasiadas veces, a sujetos muy bien apoltronados, tales como reyes y dictadores. A cambio borra el miedo terrible a la muerte, anestesia la conciencia y evita el esfuerzo de pensar.

Esa es la comodidad de vivir manipulado. Te cargas la conciencia y todo lo atribuyes a los designios divinos. A ti solo te tocan migajas de conciencia menor para un montón de tonterías triviales. Sentimientos de culpa infantiles que nos apartan de la resolución de los verdaderos problemas… y después siempre nos inventaremos algún “error humano” por si los lideres religiosos comenten barbaridades. ¡Que postura tan cómoda la del creyente!. Señores manipulados… ¡Vosotros también sois culpables!. Mirad la historia y aceptad vuestro grado de responsabilidad por apoyar ciegamente a una religión. No me salgáis con “errores humanos” o “ponerse en el contexto de la época”. Si hacemos caso a lo que los dirigentes religiosos afirman de forma tan rotunda, las iglesias son divinas y no pueden cometer fallos -si cometen errores… pues también pueden equivocarse en la afirmación sobre la existencia de sus dioses-; al menos, me parece increíble que yerren en lo fundamental. ¡NO MATARAS, ES NO MATARAS!. Quien apoye a una religión también debe responder de los crímenes cometidos por ella, aunque físicamente no haya participado en ellos. Ya esta bien de ganarse el cielo con rezos y no querer escuchar los gritos de las victimas de la Inquisición, de los que sufrieron abusos sexuales pederastas a manos de sacerdotes, de la represión apoyada “por la gracia de Dios” (Franco, Videla, Mussolini, Pinochet, los Reyes Católicos… y un eterno etc). Que no se atreva Benedicto XVI a orar por las víctimas del nazismo cuando el mismo perteneció a las Juventudes Hitlerianas. No le disculpemos por ser en ese momento muy joven. Si realmente esta “tocado” por el Espíritu Santo ¿como no fue capaz de apreciar la responsabilidad de sus actos entonces?. Muchos en Alemania, incluso más jóvenes, combatieron el nazismo. Eran simples personas normales que opusieron resistencia pagando a menudo con su vida.

Vivir engañado es muy cómodo… y timorato también. El miedo a la muerte, el temor a lo desconocido, es lo que fomenta la aparición de las religiones. Todas nos prometen alguna forma de vida después de la muerte del cuerpo. Lo hacen de una forma tan infantil y carente de pruebas que resulta grotesca. Pero lo que consiguen eficazmente es matar la mente humana, la posibilidad de que la razón nos lleve a un mundo mejor. Durante toda su historia solo se han dedicado a mantener los mismos errores humanos de siempre, la misma estúpida y rancia forma de actuar. Constantemente nos saldrán con la excusa de que “los designios de Dios son inescrutables”, cuando fallen sus predicciones. Mientras tanto la casa sin barrer y sus sacerdotes viviendo como privilegiados.

Supongamos por un momento que Dios (cualquier dios ya que esto es valido para todas las religiones), exista. ¿Cómo justifica un ego tan enorme que necesita de constante adoración? Al final, su único argumento es la fuerza: sus infiernos de sadismo enfermizo y la censura que aun hoy en día imponen las poderosas iglesias. La pregunta final es: ¿intentamos arreglar el mundo o vivimos cómodamente manipulados?.

El poder de Darwin (Richard Dawkins)

•2 Agosto 2009 • 1 comentario

El poder de Darwin (Richard Dawkins – sindioses.org)

Charles Darwin tuvo una gran idea; quizás una de las ideas más poderosas de todos los tiempos. Una idea poderosa asume muy poco para explicar mucho. Dicha idea realiza un montón de trabajo explicatorio mientras invierte muy poco en la asunción o postulación; brinda un gran aprovechamiento para el esfuerzo explicatorio realizado. Su tasa de explicación, o tasa explicatoria – lo que la teoría explica dividido entre lo que se necesita asumir para generar la explicación – es muy grande.

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Si algún lector sabe de alguna idea que tenga una tasa explicatoria más grande que la de Darwin, pues oigámosla. La gran idea de Darwin explica todo acerca de la vida y sus consecuencias, y eso significa todo lo que posea más que una complejidad mínima. Ese es el numerador de la Tasa Explicatoria, y es enorme. El denominador es espectacularmente pequeño y simple: la selección natural, la supervivencia no aleatoria de genes en los acervos génicos (para ponerlo en términos neodarwinianos más que en los del mismo Darwin).

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La selección natural es una bomba de improbabilidades – un proceso que genera improbabilidad estadística. La selección natural, sistemáticamente captura aquella pequeña parte de cambios aleatorios que se requieren para la supervivencia, y los acumula en una secuencia de pequeños pasos en escalas de tiempo inimaginables, hasta que la evolución eventualmente escale montañas de improbabilidad y diversidad cuyas alturas y rangos parezcan no tener límites. Pero es magníficamente simple que se pueda reducir la gran idea de Darwin a una sola oración (nuevamente, esta es una forma neodarwiniana de ponerlo, y no del propio Darwin): Después de un tiempo necesario, la supervivencia no aleatoria de las entidades hereditarias (las cuales, ocasionalmente, se copian erróneamente) generarán complejidad, diversidad, belleza y una ilusión de diseño tan persuasivo que es casi imposible distinguirlo de diseño inteligente deliberado.

He puesto la frase “que ocasionalmente se copian erróneamente” entre paréntesis, debido a que los errores son inevitables en cualquier proceso de copia. No necesitamos añadir las mutaciones a nuestras asunciones. Los “esfuerzos” mutacionales son provistos gratuitamente. “Después de un tiempo necesario” tampoco es un problema – excepto por el problema de comprensión de parte de las mentes humanas luchando por imaginarse la aterrorizante magnitud del tiempo geológico.

Es principalmente el poder de simular la ilusión de diseño lo que hace a la teoría de Darwin amenazadora para ciertas mentes. Este mismo poder constituye la más formidable barrera para comprenderla. La gente es naturalmente incrédula cuando algo tan simple puede explicar tanto. Para un observador ingenuo de la maravillosa complejidad de la vida, resulta en extremo evidente que ésta debe ser diseñada inteligentemente. Pero el diseño inteligente (DI) es el opuesto polar de una potente teoría: su tasa explicatoria es patética. El numerador es el mismo: todo lo que sabemos de la vida y su prodigiosa complejidad. Pero el denominador, muy lejano de la simplicidad prístina y minimalista de Darwin, es por lo menos tan grande como el numerador mismo: ¡una inteligencia inexplicada lo suficientemente grande como para ser capaz de diseñar toda la complejidad que tratamos de explicar en primera instancia!

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Darwin entendió el inmenso poder de su teoría. Así lo hizo también Alfred Russel Wallace, el magnánimo héroe cuyo descubrimiento independiente impulsó a Darwin situando su magnífica obra de la selección natural muy en alto, y favoreciendo lo que él llamó su tesis: El Origen de las Especies.

Los derechos de los créditos fueron reclamados por varias personas, incluyendo a Patrick Matthew en el apéndice a un trabajo de cultivo de árboles utilizados para la industria de la construcción de embarcaciones, a lo que Darwin agradeció en ediciones posteriores de El Origen de las Especies. Sin embargo, aunque Matthew entendió el principio de selección natural, no está tan claro que haya entendido su poder para explicar toda la vida. A diferencia de Darwin y Wallace, parece que él veía a la selección como puramente negativa, como una fuerza de eliminación y no como una fuerza universal conductora. En efecto, él pensó que la selección natural era tan obvia que no constituía un descubrimiento positivo en lo absoluto.

Aquí puede encontrarse la respuesta a uno de los más persistentes rompecabezas en la historia de las ideas. Después de la brillante síntesis de la física por parte de Newton, ¿por qué tomó cerca de doscientos años para que Darwin apareciera en escena? ¡El logro de Newton parecía mucho más difícil!

Quizás la respuesta es que la solución eventual de Darwin al misterio de la vida fue tan asombrosamente simple que nadie pensó en verlo de ese modo. Es tan simple que la frase “la supervivencia del más apto” (el renombramiento que Darwin adoptó de Herbert Spencer debido al aliento de Wallace), ha sido descrita como una tautología: los más aptos son definidos como aquellos que sobreviven, por lo que la famosa frase significa “aquellos que sobreviven a la supervivencia”. Pero si fuera realmente una tautología, lo mismo podría aplicarse a la selección artificial, la cría no aleatoria de animales y plantas domésticas (a los cuales Darwin prestó mucha atención). Imagínese el lector la poca acogida que tendría un mal filósofo luego de decirle esto a un criador de ganado: “Estás perdiendo el tiempo. ¡Ninguna mejora en la producción de leche puede provenir de una tautología!”

Pero Darwin no definió a los más aptos como aquellos que sobrevivían. Sus “más aptos” eran aquellos provistos del mejor equipamiento para sobrevivir, y eso hace toda la diferencia.

Por cierto, Darwin tuvo muchas otras buenas ideas (por ejemplo, su ingeniosa y muy correcta teoría de cómo se forman los arrecifes de coral), pero es su gran idea de selección natural a la que me refiero aquí. Pienso que incluso es mucho más poderosa de lo que yo he sugerido. No solo es la explicación para la vida en este planeta, es la única teoría jamás sugerida que puede, al menos en principio, explicar la vida en cualquier planeta. Si la vida existe en cualquier parte del Universo (y mi apuesta tentativa es que sí existe), por más extraña y rara que pueda ser su naturaleza (y mi apuesta tentativa es que será más rara de lo que podemos imaginar), alguna versión de la evolución darwiniana por selección natural estará casi seguramente presente para poder explicar su existencia. Esta es, al menos, la idea a la cual apostaré: el principio que he denominado “Darwinismo Universal”.

Existe un sentido diferente del Darwinismo Universal, que quisiera criticar. Este es el arrastre acrítico de una confusa versión de la selección natural hacia cualquier campo del discurso humano disponible, tanto si es apropiado como si no. Quizás las empresas más aptas sobrevivan en el mercado, o las teorías más aptas sobrevivan en el ámbito científico, pero deberíamos ser al menos cautos antes de vernos descarriados en los conceptos. Y por supuesto, estaba el Darwinismo Social, culminado con la obscenidad del Hitlerismo. Menos detestable pero, aún así, intelectualmente inútil es la manera débil y acrítica en la que los biólogos aficionados aplican la selección a niveles inapropiados en la jerarquía de la vida. “La supervivencia de las especies más aptas y la extinción de las especies menos adaptadas” suena superficialmente como verdadera selección natural, pero la aparente similitud es seguramente engañosa.

Como el mismo Darwin se esforzaba por señalar, la selección natural trata acerca de supervivencia diferencial dentro de una especie, no entre ellas.

La gran idea de Darwin ha evolucionado. La ciencia evolutiva del siglo XXI, si Darwin pudiera regresar para verla, lo cautivaría, sorprendería, y emocionaría. Pero la reconocería como propia. Nosotros solo estamos coloreando los detalles. Para mí, el pensador más importante que la especie humana ha producido es Charles Darwin.

Voy a concluir con un legado sutil que la gran idea de Darwin nos ha dejado. Darwin elevó nuestras consciencias hasta el gran poder de la ciencia para explicar lo grande y complejo en términos de lo pequeño y lo simple. En biología, nos hemos visto embaucados durante siglos pensando que la extravagante complejidad en la naturaleza necesita una explicación extravagante y compleja. Darwin, triunfantemente desechó esa ilusión. Aún hay grandes preguntas, en física y cosmología, que esperan por sus propios Darwins. ¿Por qué son las leyes de la física como son? ¿Por qué existen leyes? ¿Por qué existe el Universo? Una vez más, la idea de “diseño” resulta tentadora, pero tenemos la cautelar idea de Darwin antes de nosotros. Ya hemos pasado por todo eso en el pasado. Darwin elevó nuestras consciencias, y ahora tenemos el valor como para buscar explicaciones verdaderas de genuino poder.

¿Llegará la felicidad a Palestina?

•2 Agosto 2009 • Dejar un comentario

¿Llegará la felicidad a Palestina? (Walter Chisholm – sindioses.org)

Según la Biblia, desde hace unos 4000 años reina la discordia en la llamada “Tierra Santa”, y todo se inició con la llegada del patriarca Abraham a ocupar dichas tierras por mandato divino. Aunque ciertamente, tampoco puede descartarse que hubiera conflictos entre los cananeos y otras tribus que habitaban el lugar. El relato bíblico sobre la discordia puede entenderse como algo completamente natural en nuestro mundo actual, porque se derivó de un abuso, seguido de los celos y posterior alejamiento forzado de parte del verdadero primogénito de Abraham. Para entender el tema hay que decir que se trata de una de las peores inmoralidades descritas en la Biblia, y que de añadidura se presenta de manera triple, a saber:

1. En el capítulo 15:2-3 de Génesis, Abraham se queja de Dios por no haberle dado hijos. Que su heredero será hijo de esclavo nacido en su casa. Dios le responde con demostraciones y asegurándole que sí tendrá descendencia propia a quien heredar sus riquezas.

2. Viendo su esposa Sara que no podía concebir hijos, se le ocurrió ofrecerle a su esposo la sirvienta egipcia de nombre Agar que tenía a su servicio diciendo: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abraham el ruego de Sara (Génesis 16:2-3).

3. En el mismo capítulo se relata que Agar empezó a mirar con desprecio a Sara porque ella sí había podido concebir, por lo que Sara le pidió a su esposo Abraham que alejara a Agar del hogar, a lo que Agar misma se alejó por la pena que la situación le causaba. Nace así el legítimo primogénito de Abraham de nombre Ismael (Génesis 16:15-16). Poco después, Sara logra concebir y nace el segundo hijo de Abraham de nombre Isaac. La celosa Sara de nuevo le pide a su esposo: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo. Aunque le dolió, Abraham se vio obligado a seguir las instrucciones de Sara y de su Dios, quien le dijo que su preferencia, primogénito, y heredero con quien haría pacto sería con Isaac. Aunque también le prometió que haría grande a Ismael (Génesis 21:9-21).

Es evidente que los tiempos y las edades no coinciden en el relato, pero suponiendo que el mismo es cierto, he aquí las tres inmoralidades implicadas:

1. Lo primero que hay que criticar es que Dios instituye, tolera y legaliza el derecho de posesión, tráfico y comercialización de seres humanos como si fueran verdadera mercancía (esclavos). No hace el menor recato para que los tenedores de siervos puedan considerar la enorme inmoralidad implicada en este hecho deplorable, y en si mismo humillante.

2. Lo segundo es la flagrante violación del derecho humano cometido tanto por Sara como por Abraham, al utilizar a su esclava Agar solo con el propósito de concebir un hijo, como si tan solo fuera un objeto reproductor.

3. El desprecio y la humillación adicional a la que fueron sometidos tanto Agar como su hijo Ismael el ser echados del hogar de Abraham. Fue un trato similar al que se hace a los objetos que ya no se desean y se tiran a la basura. A ello se agrega la negación de Dios a darle supremacía legítima a Ismael sobre Isaac por ser el verdadero primogénito, lo que obviamente genera discordia.

Esta triple inmoralidad es lo que varios historiadores coinciden en señalar como el origen del conflicto Árabe-Israelí, y que en su versión moderna es la guerra entre los palestinos y los judíos por la posesión del territorio de Palestina, antiguamente conocida como Judea. Los judíos argumentan que esa es la antigua tierra de Cananea que su Dios le prometió a Abraham, a Isaac y a sus descendientes, que Jerusalén es su ciudad sagrada, construida por sus antiguos reyes; mientras que los palestinos aseguran que esas tierras fueron conquistadas por sus antepasados unos 8 siglos después de Cristo y que Jerusalén es igualmente su ciudad sagrada.

Lo que más sorprende es que las teocracias modernas occidentales decidieron ponerle más leña al fuego después de la segunda guerra mundial al forzar la creación del estado de Israel en un territorio de completa hostilidad y contraviniendo los derechos legítimos de los palestinos. Las teocracias triunfadoras de la guerra contra Hitler actuaron ahora casi de la misma forma como lo hizo el Dios de Abraham, privilegiando a los de su preferencia, aún en contra del sentido común, el consenso y la razón.

De manera escueta, debe recordarse que durante la segunda guerra mundial buena parte del medio oriente era territorio ocupado por las dos potencias europeas Gran Bretaña y Francia, pero Palestina era territorio británico y con esa potestad decidía lo que deseaba en el territorio. Los judíos por su parte, después de haber sufrido persecuciones y salidas forzadas de varios países europeos durante siglos y particularmente de la Rusia zarista previo a y durante la primera guerra mundial, no tenían donde ir más que de regreso a Palestina pues inclusive ni en los Estados Unidos eran bienvenidos. Este hecho produjo presiones sociales en Palestina que se fueron incrementando hasta llegar a movimientos independentistas tanto de palestinos como de judíos en el mismo territorio. Pero fue la segunda guerra mundial con su persecución masiva antisemita y la consabida masacre de Hitler contra los judíos lo que despertó aún más el espíritu patriótico de los que entonces habitaban Palestina, lo que presionó la lucha independentista. En 1947, la asamblea de las Naciones Unidas -de reciente creación después de la guerra- aprobó la resolución 181 que establece la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío. Además estableció la administración de Jerusalén por parte de la ONU. Pero los ingleses hábilmente se retiraron de la cuidad en 1949, solo para facilitar su toma por parte de los Judíos quienes con ello crearon el estado de Israel en todo el territorio de Palestina, en flagrante y criminal violación a la resolución 181 de la ONU y con ello exacerbó la ancestral pugna con los árabes. Así, en 1949 y en respuesta, Egipto ocupó la franja de Gaza (Predominantemente habitada por palestinos), mientras que Jordania se anexó Cisjordania y el este de Jerusalén. En 1956, durante la guerra del canal de Suez, Israel con la ayuda francesa y británica se apoderó de la península del Sinai, territorio egipcio. En 1967, Israel se enfrentó con varios países árabes en la llamada guerra de los seis días, y se apoderó de los altos del Golán (territorio sirio), de Cisjordania, del este de Jerusalén y de la franja de Gaza. En 1879 el extinto presidente egipcio Anuar Sadat pagó con su vida la recuperación del Sinai por negociación con Israel. En 1993, el ahora desaparecido líder palestino Yasser Arafat llega a un acuerdo con el primer ministro israelí Isaac Rabin para la devolución gradual de los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza a los palestinos para que estos pudieran iniciar la construcción de su estado soberano. Pocos años después, en 1995 Isaac Rabin es asesinado por su propio compatriota judío ultra-ortodoxo en señal de desacuerdo por sus concesiones a los palestinos. En el 2000 aparece la malévola figura del derechista Ariel Sharon provocando a los palestinos en actos que lo catapultaron hasta la posición de primer ministro de Israel en el 2001. Un largo capítulo de lucha del pueblo palestino por su legítima soberanía se cerraría con la muerte de Yasser Arafat, quien fue acorralado casi hasta su estrangulamiento en su capital administrativa de Ramala por Sharon. Pero el mismo Sharon tampoco tuvo un final feliz, porque poco después entró en estado de coma que le duró muchos meses.

Los líderes de ambos pueblos en pugna van y vienen, negocian y renegocian sin cesar, pero nada se resuelve. El actual premier israelí Ehud Olmert y el amaniatado líder palestino Mahmud Abás, tampoco podrán llegar lejos en sus afanes de pacificación auspiciados a modo por el presidente George W. Bush. Se requiere de un verdadero liderazgo, libre de la influencia religiosa y de la parcialidad. Un liderazgo laico que pueda ser capaz de romper las barreras de la fe y trascender más allá de los obstáculos de privilegio malsano prevalecientes en la cúpula gobernante de Israel para que el pueblo Judío entienda que no podrá construir su felicidad en base al odio y al sufrimiento de los palestinos; para que entienda que la historia los ha puesto a compartir un territorio y que la única forma de resolver el conflicto es respetando los derechos de cada uno y resolviendo sus diferencias de forma pacífica y razonada. El poder económico, militar, nuclear y la supuesta supremacía de su fe sionista no serán suficientes para garantizar la felicidad que buscan. La pretendida imposición de democracias en la convulsionada región por parte del imperio incondicionalmente aliado suyo, no resolverá esta cuestión que es la principal causa de la inestabilidad del medio oriente. Los palestinos por su parte tampoco podrán arribar a la deseada felicidad de contar con la patria soberana por la cual luchan, mientras no dejen a un lado la cerrazón que la fe musulmana les produce. Tienen que ser capaces de poder sentarse a una mesa de negociaciones con los judíos en donde puedan exponer y defender lo que por derecho les corresponde. Solo la intervención de un liderazgo laico podrá decirle a judíos y a palestinos que guarden su fe religiosa para ellos y sus familias en su casa y su templo y que dejen que los asuntos de cada nación sean tratados con razonamiento inteligente.

Deben quedar fuera del conflicto, todos los que afirman que los hombres somos creados iguales, porque bien saben los militantes de Hamas que no son iguales que los judíos de Haifa, y que el judío ortodoxo de Londres es diferente del chiíta de Roma en todos los sentidos. Solo puede hablarse de igualdad en términos de que todos somos seres humanos. Por lo tanto, que esos y otros absurdos de fe sean borrados de la mesa de diálogo y que pueda darse paso a la negociación franca y objetiva. En ese sentido los Estados Unidos y las ya tradicionales potencias europeas son las menos indicadas para espolear un diálogo de paz de esa envergadura, toda vez que su posición predeterminada de favoritismo es ampliamente conocida. Los judíos de Israel no deben continuar justificando su brutalidad y su atropello injusto contra palestinos con fundamento en el holocausto hitleriano, como si estos fueran alemanes nazis contra los que quisieran vengarse. No se puede vivir en paz sembrando el odio al vecino. Por eso no se resuelve el conflicto. Los israelitas no deben continuar sometiendo a los palestinos a toda clase de exterminios étnicos y medidas punitivas como el aislamiento, el hambre y el bloqueo de suministros, con el ridículo argumento de que estos le lanzan misiles. Esto es tan vulgar que ridiculiza aún más los preceptos plasmados en su Biblia y en los que se supone que creen y se inspiran. Claro está que hay concordancia en el sentido de que su comportamiento es tan represivo como su Dios. Pero en lugar de tanta retórica hueca, deberían de encarar al grupo Hamas con ofertas de diálogo sin condiciones previas a fin de incorporarlos al proceso pacificador que sostienen con Abás. Israel torpemente prefiere utilizar el viejo método de divide y vencerás apostando a que le rendirá frutos.

El día en que ambas partes sean capaces de conceder razón y admitir sus errores en este proceso, pero sobre todo reconociendo los derechos de ambos y comprometiéndose ambos a respetar los derechos soberanos de las partes a la existencia (como lo hicieron Arafat y Rabin en 1993), y además, que los dos pueblos tomen plena conciencia de ese reconocimiento, entonces se habrá llegado a la madures suficiente para construir una paz duradera y con miras a la felicidad de los dos pueblos, que al fin de cuentas son hasta hermanos de sangre, según la historia de Ismael y de Isaac. Reitero que eso demandara un liderazgo laico que imponga la premisa obligatoria de que ambas partes dejen de lado su lesiva fe religiosa y piensen solo en el buen futuro de sus pueblos y de sus descendientes.

Dejar de lado su nociva fe religiosa implica que ambos pueblos evolucionen mentalmente hasta llegar a comprender que eso lejos de beneficiarles, solo los perjudica y los aleja del objetivo primordial que es la felicidad en esta vida y no en otra inventada o fantasmal. Implica que su práctica religiosa sea guardada en el interior de sus hogares y templos como ritual de carácter folklórico y cultural propio del pasado, pero que no interfiera en la vida cotidiana y política común de los mortales, cuyas prioridades deben ser de salud, paz, alimento, trabajo y bienestar. Recuerden que vivir en ese tormento infernal llamado “Tierra Santa” es lo peor que le puede pasar a la especie humana, a no ser que ahí se experimente un giro político de 180 grados.

Esto no debe seguir siendo un conflicto entre una mujer despechada porque su esclava es fértil y capaz de darle hijos a su marido, pero que como su esclava, la puede pisotear a su antojo. No, no se trata de eso. Esta es la lucha de un pueblo por sus derechos contra otro con tites de opresor colonial que pretende imponerle su voluntad mezquina. Es una lucha también de creencias religiosas fuertemente proselitistas pero erradas ambas porque los ciega e imposibilita para lograr la coexistencia pacífica. Es más, me atrevo a pensar que el futuro podría ser halagador para ambos pueblos si en lugar de esta guerra ancestral estúpida, se decidieran constituirse en una república federada. Ambos saldrían favorecidos con eso, y le estarían demostrando al mundo que han llegado por fin a la madurez suficiente para hacer algo provechoso que no fue establecido como mandato divino en la Biblia.

El silencio de la Iglesia española ante el fallecimiento de Vicente Ferrer

•23 Junio 2009 • Dejar un comentario

El silencio de la Iglesia española ante el fallecimiento de Vicente Ferrer (José María Garrido – elplural.com)

Frente al silencio de los obispos, miles de pobres despiden en la India al “santo laico”.

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Varios miles de ciudadanos en la India despidieron ayer a Vicente Ferrer, ex jesuita español y símbolo para millones de creyentes en todo el mundo. El entierro fue en Bathalapalli, municipio al que tantas horas de trabajo y esfuerzo dedicó el “santo de la India”. Fue una ceremonia humilde, que se desarrolló al aire libre bajo una sencilla estructura metálica cubierta con un telar. Sus familiares, amigos, el presidente del Congreso de los Diputados, el socialista José Bono, y la popular Soraya Sáenz de Santamaría, estuvieron allí para dar su último adiós a Ferrer, menospreciado por la Conferencia Episcopal.

Y es que los obispos no han difundido ni una nota de prensa, ni un comunicado de condolencia, ni tan siquiera unas breves declaraciones lamentado la muerte del ex jesuita. La Conferencia Episcopal, siempre predispuesta a hablar sobre los más diversos temas de la actualidad política, prefirió guardar un escandaloso silencio sobre la muerte del cooperante español.

- Silencio.

Como excusa, los jerarcas católicos han esgrimido que también guardaron silencio cuando murió la madre Teresa de Calcuta o cuando fallecieron cooperantes ilustres de otras ONG religiosas como Cáritas o Manos Unidas.

- Ausencias.

A este respecto, el padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz y amigo personal de Ferrer, ha reconocido que le resulta extremadamente “doloroso” comprobar como en las exequias del que fue “el cooperante más importante del siglo XX y XXI”, y a diferencia de lo que ocurrió con la madre Teresa de Calcuta, no han asistido ni los jefes de Estado ni la jerarquía de la Iglesia católica.

- Homenaje de los pobres.

Sin embargo, el padre Ángel cree que Vicente Ferrer no echaría de menos a los fríos jerarcas católicos ya que está recibiendo el homenaje que siempre soñó: “La despedida de los pobres y los discapacitados a los que ayudó”.

- Los frutos de Ferrer.

Los frutos que el cristianismo encarnado por Vicente Ferrer ha dado en India son claros: casi 40.000 viviendas, tres hospitales generales, centro para enfermos de SIDA, 14 clínicas rurales, 1.696 escuelas y centros de enseñanza, 120 bibliotecas para 158.000 alumnos de primaria y secundaria, centros especiales para ciegos, sordos y disminuidos psíquicos, miles de pozos de agua, 2.300 embalses, tres millones de árboles frutales…

- Ocupados en Getafe.

Por el contrario, el “cristianismo de salón” liderado por Rouco Varela ha estado muy ocupado estos días en que España renovará su consagración al Corazón de Jesús en el cerro de los Ángeles, en Getafe (Madrid). Acto al que, tal y como señala el periodista Oriol Domingo en La Vanguardia , nunca hubiera acudido Vicente Ferrer.

- Vivir el cristianismo.

“Anantapur y Cerro de los Ángeles son dos maneras de entender y vivir el cristianismo. Desde Catalunya y desde España, uno puede sentirse más próximo a Anantapur con su práctica de las bienaventuranzas que al Cerro de los Ángeles con su aire de “corazonismo piadoso patriótico”, según denominación del jesuita Juan Masiá en Religión Digital. Se puede sintonizar con la acción comprometida del cooperante, y no con el discurso cardenalicio aunque en esta ocasión haya sido templado”, apunta Domingo.

- El Amor.

Otro cristiano que ha preferido estar en Anantapur y no en Getafe ha sido José Bono. El dirigente socialista ha participado en el entierro de Ferrer, a quien considera un “ejemplo para la humanidad”. En su intervención, el presidente del Congreso ha recordado que en una ocasión le preguntó al cooperante cuál era su religión. “Creo que el mundo y la pobreza tienen arreglo, creo que la única solución vendrá del amor. Ésa es mi religión”, le respondió.

- Referente de catalanes.

En el entierro también ha estado presente la viceconsejera de Asuntos Exteriores y Cooperación de la Generalitat de Cataluña, Roser Clavell, quien ha afirmado que “es un día triste, nos ha dejado una persona que ha vivido para los otros. Es un orgullo como catalanes tenerlo de referente. La huella que deja es imborrable”.

- Buenas acciones.

Durante los últimos días, más de 300.000 pobres han acudido a la capilla ardiente de Vicente Ferrrer, donde hay colgado un cartel con una de sus citas más conocidas: “Estoy seguro de que ninguna buena acción se pierde en este mundo. En algún lugar, quedará para siempre. Y ese lugar es Ananta”.

- Breve biografía.

Vicente Ferrer i Moncho nació el 9 de abril de 1920 en Barcelona. A los 16 años militó en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Acto seguido luchó en el bando republicano contra los que pretendían instaurar en España el nacionalcatolicismo. Perdida la guerra, fue internado en un campo de concentración francés y en varios campos de castigo. Tras ser obligado a realizar de nuevo el servicio militar, y al fracasar en sus estudios de Derecho, se hizo jesuita para “ayudar a los demás”.

A principios de los años 50 comenzó a trabajar como misionero en India. En 1969 dejó la Compañía de Jesús para crear junto a quien se convertiría en su esposa y madre de sus tres hijos la Fundación Vicente Ferrer. Gracias a su trabajo para erradicar el sufrimiento de los más pobres en la India, ya todo el mundo le conoce como el “santo laico”.

A mi ateo más querido, Mario Benedetti (Basilio Pozo-Durán)

•23 Mayo 2009 • 3 comentarios

A mi ateo más querido, Mario Benedetti (Basilio Pozo-Durán)

Me hacían cosquillas las orejas cuando recitaban alguno de tus poemas en la radio de madrugada. No sabía quién eras. Sólo que me hacías cosquillas, más allá de las orejas, cada vez un poco más allá.

Pero ella se reía cuando le hablaba de ti, aunque me los leía con otro amor, cargados de deseo como balas al corazón. Se me hizo pedacitos, de esos que cortan como cristales rotos.

Entonces te necesité con importancia y con urgencia. La soledad a borbotones brotaba por todos mis poros. Había muchos tuyos en la Facultad. Así que cuando la dictadura de la primavera más me empujaba a abrazar el vacío, me los bebí con la prisa de la última copa a la hora en que cierran los bares.

Buscaba entrevistas en los periódicos y algún ensayo sobre ti. Entretanto me convertí al club de ateos tiernos. Y al poco descubrí que tú también pertenecías a él.

Estos últimos años lo inevitable te dejó más a solas con tus recuerdos, más de lo normal, de lo asumible por un ateo tierno. Con tu nostalgia hecha de exilios y gritos huérfanos de oídos.

Porque cuando estuve en el otro Sur, el tuyo, hubo tardes de sol frío como la felicidad que ya sólo es memoria. Dos de tus poemas que mejor me aprendí me encajaron el corazón roto una de esas tardes. Estaban en una feria de artesanías en una plaza de ese Sur.

Y a la vuelta a este Sur, el mío, hubo noches muy oscuras, más de lo normal, en que abandonado a los recuerdos me dormí. En el sueño presentabas tus poemas en el colegio. Yo, vuelto adolescente, corría para no llegar tarde. Sólo llegué a tiempo de que me firmaras el libro. Me notaste angustiado y te exigí: no te mueras, no te mueras, no… Me abrazaste mientras me decías: tranquilo, nos encontraremos en un cielo sin ojos.

A mi ateo más querido, Mario Benedetti.

La apostasía en el Estado español

•6 Mayo 2009 • Dejar un comentario

La apostasía en el Estado español

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Niños, guerreros y zombies – Jon Sistiaga en Tailandia

•22 Abril 2009 • Dejar un comentario

Niños, guerreros y zombies – Jon Sistiaga en Tailandia

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Sobrecogedor testimonio de Fernando un joven homosexual del Colegio Torrevelo del Opus Dei en Santander (Cantabria)

•20 Abril 2009 • 5 comentarios

Sobrecogedor testimonio de Fernando un joven homosexual del Colegio Torrevelo del Opus Dei en Santander (Cantabria) (Fernando – opusvalladolid.wordpress.com)

Varias veces se me ha pasado por la cabeza escribir una carta para este blog, pero pienso que igual no interesa lo que voy a escribir y lo dejo. Últimamente, se han publicado varias noticias sobre miembros y simpatizantes del Opus Dei y me apetecía contar cómo crecí en una familia que pertenece a esa organización. Como veréis más adelante, el modelo de familia que algunos defienden como el ideal para los niños no lo fue en mi caso. También he escrito esta carta porque acabo de cumplir 25 años y quería dar las gracias a las personas que han contribuido a que esté viviendo un momento muy feliz en mi vida. Espero que si algún chaval lo está pasando mal, al leer esta carta se sienta más fuerte y con esperanza de vivir un futuro mejor.

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Nací en la primavera de 1984 en una familia tradicional y muy religiosa (a Rouco se le caería la baba). Mi padre era el hombre más feliz del mundo porque Dios había escuchado sus oraciones y le había regalado un hijo varón. Aunque a algunos les pueda parecer extraño, para mis padres, yo era un regalo de Dios. Cuando tenía 4 meses, mis padres viajaron al Vaticano para que Juan Pablo II me bendijese. El Papa me cogió en sus brazos y me bendijo. Todavía ahora, cuando voy a casa de mi madre y veo la foto, no puedo evitar sonreír al ver al Papa con un bebé mariquita en sus brazos. Mis padres eran miembros del Opus Dei y querían evitar a toda costa que “la sociedad moderna y decadente” corrompiese mi vida.

Durante los primeros años de mi vida, era un niño feliz y sentía una admiración sin límites hacia mi padre. Éramos inseparables y hacía todo lo posible para complacerle y que se sintiese orgulloso de su hijo. Mis padres me inscribieron en el colegio Torrevelo (un centro del Opus Dei en Santander) y estaban encantados porque era uno de los alumnos más brillantes. Dios estaba omnipresente en el hogar en que pasé mi infancia y adolescencia. Crecí muy aislado de la sociedad. Todas las actividades extraescolares en las que participé eran organizadas por grupos vinculados al Opus Dei. Los niños no podíamos ver la tele ni jugar con videojuegos. A muchos os podrá parecer muy raro, pero como casi todos los niños con los que me relacionaba vivían en las mismas condiciones, a mi me parecía normal.

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A partir de los 8 años, mi primo Jesús y yo empezamos a ir a un campamento de verano organizado por La Obra. Mi primo era mi mejor amigo y, para los dos, el campamento era uno de los momentos más esperados del año. A los 13 años mi primo y yo empezamos a masturbarnos juntos. Los dos nos sentíamos culpables y decíamos que no lo volveríamos a hacer pero seguimos pajeándonos todas las noches. Cinco días antes de que terminase el campamento mi padre y mi tío vinieron a recogernos. No sabía que había pasado pero al ver la cara de mi padre me di cuenta que era algo grave. Nunca olvidaré la frialdad de mi padre al decirme “recoge tus cosas que nos vamos”. Le pregunté inquieto que si había pasado algo y el me respondió “tú sabrás si has hecho algo malo”. Me quedé helado. Entré con mi primo en la tienda de campaña para recoger nuestras cosas, y me dijo que le había confesado a uno de los sacerdotes lo que habíamos hecho. Mi mundo se vino abajo. Me puse a llorar como nunca había llorado. No podía controlarme y me hice pis. Al verme en ese estado de desesperación, mi primo salió a buscar a mi padre. Cuando mi padre entró en la tienda, yo estaba tirado en el suelo llorando. Mi padre me dijo en tono serio que me levantara. Me levanté llorando y pidiéndole perdón. El me dijo que dejase de llorar y que ya hablaríamos en casa. Estaba hecho polvo y nada más entrar en el coche me quedé dormido. Al llegar a casa, nada más abrir la puerta, vi a mi madre que nos estaba esperando. Al verla, rompí a llorar y le pedí perdón por lo que había hecho. Mi madre me abrazó y me decía cosas cariñosas para intentar consolarme. Mi padre interrumpió ese abrazo con mi madre pronunciando una frase que nunca olvidaré: “sigue tratándole así que nos va a salir maricón, como tu hermano”. Me quedé helado. Mi padre me ordenó que me fuese a la cama y me dijo que ya hablaríamos. Me metí en la cama y en lo único que podía pensar era que mi tío Miguel, al que sólo había visto un par de veces en mi vida, era maricón. Aunque en esa época de mi vida no hubiese reconocido de ninguna manera que era homosexual, me sentí inmediatamente identificado con mi tío Miguel. La revelación de la homosexualidad de mi tío despertó en mi una gran curiosidad hacia ese familiar que vivía en Inglaterra y del que se evitaba hablar en nuestra familia. Pasé casi toda la noche pensando en él y tardé mucho en poder dormir. Esa noche no podía imaginarme lo mal que lo pasaría los próximos cuatro años y lo importante que sería en mi vida mi tío Miguel.

La mañana siguiente me sentía fatal. No había dormido casi nada y presentía que el día iba a ser muy duro. Mi padre, como todas las mañanas, salió a desayunar y leer la prensa al bar de siempre. Mi madre y yo estábamos acabando de desayunar cuando llegó mi padre. Entró en el salón y me dijo que me diese prisa porque nos íbamos, ya que teníamos que hablar de muchas cosas “entre hombres”. Recuerdo que era la cosa que menos me apetecía del mundo. Me sentía sin fuerzas y, francamente, estaba acojonado. Mi madre debió de darse cuenta porque, antes de salir por la puerta, me abrazó y me susurró al oído que me tranquilizase porque lo hacían por mi bien. Mi padre era psiquiatra y me llevó a su despacho. Os ahorraré los detalles del sermón que me soltó. El caso es que, al cabo de una hora de contarme lo horrible que es la homosexualidad y lo infelices que eran sus pacientes homosexuales, me hizo jurar con la mano sobre el crucifijo de mi primera comunión que no volvería a ceder a las pulsiones homosexuales. Nos arrodillamos y rezamos juntos, y al levantarnos puso su brazo sobre mi hombro y dijo “mi hijo será un hombre como Dios manda, de eso me encargo yo”.

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Lo cierto es que la relación entre mi padre y yo nunca volvió a ser la misma. Por mucho que rezaba y que juraba que nunca lo volvería a hacer, cada vez me sentía más atraído por los hombres. Cuando me quedaba solo me pajeaba como un condenado. Cuanto más me reprimía más salido estaba. No paraba de mirar los culos y los paquetes de los compañeros de clase. Me volvía loco en el vestuario viéndoles en calzoncillos y luego me mataba a pajas. Me imagino que la mayoría de los chicos de mi clase también harían lo mismo pensando en las chicas, pero la diferencia es que yo me sentía sucio y culpable. Según pasaba el tiempo, me sentía cada vez más solo. Sabía que no podía contar con mis padres para ayudarme y en el colegio la situación se volvió insoportable. Alguien divulgó el rumor de que era maricón y los compañeros de clase empezaron a putearme. Al principio eran insultos en el recreo y pintadas “Fernando maricón”. Yo sabía que si les decía algo a mis padres podrían sospechar y no les dije nada. Pero un grupo de chicos se propuso hacerme la vida imposible. Pasaron de los insultos a las collejas y las patadas. Un día, al entrar en clase vi como todos me miraban y se reían. Al ir a sentarme vi que habían dibujado una polla en mi silla. Hice como si no lo hubiese visto y me senté mientras se reían. Durante la clase oía los comentarios homófobos y las risas. Yo era un chico muy tímido y reprimido. La única visión de la vida que tenía era la que me habían enseñado en casa y en el colegio. Recuerdo, por ejemplo, que cuando empezaron a salirme pelos en los sobacos y los genitales me sentía sucio y muy avergonzado. En el fondo, me parecía normal ser humillado por mis compañeros por ser homosexual.

Fueron unos años horrorosos que destrozaron mi autoestima. Un día, me rodearon unos chicos en el recreo y me dijeron que tenía que pelearme con uno de ellos. Como me negué a hacerlo, se tiraron todos sobre mí y me dieron una paliza. Estaba desesperado y necesitaba hablar con alguien. Al llegar a casa, busqué en la libreta de mi madre el teléfono de mi tío Miguel. Cogí dinero y salí a una cabina para llamarle. Entré en la cabina y me costó marcar el número porque me temblaban los dedos. Entre llantos, pude hablar con mi tío y contarle lo que me estaba pasando. Mi tío se quedó muy preocupado y me dijo que vendría a Santander el sábado para verme. Al día siguiente me llamó a casa cuando mis padres no estaban y pudimos hablar más tranquilos. Quedamos que nos veríamos en un bar, sin que lo supiesen mis padres.

Llegó el sábado y fui a la cita con mi tío. Al llegar al bar le vi esperando en la puerta. Me acerqué tímidamente y le di la mano, pero el dijo “dame un abrazo, coño, que somos familia. Joder como has crecido”. Enseguida me sentí cómodo con él. Le conté lo que me estaba pasando y noté como su sonrisa desaparecía de sus labios y cada vez parecía más indignado. Le conté que mi padre me dijo que sus pacientes homosexuales no eran felices. El me dijo que no le extrañaba porque ser homosexual y paciente de mi padre era para pegarse un tiro. Pero también me dijo que hay muchos homosexuales felices y que los que de verdad no son felices son los que no se aceptan. Me contó cosas sobre su casa en Brighton, su novio Jim, su trabajo, etc. Mi tío me dijo que podía contar con él para lo que necesitase. Pasé unas horas inolvidables con él. Volví a casa sobre la ocho y mi padre me preguntó que dónde había estado tanto tiempo. Le dije que por ahí. El dijo “ay pillín, con una chica”. El mundo de mi padre y el mío estaban cada vez más distantes.

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El haber podido compartir con mi tío lo que estaba viviendo, el sentir que me comprendía y me apoyaba me dio mucha fuerza. Durante las semanas posteriores a nuestro primer encuentro hablamos mucho por teléfono y vino a verme en 2 ocasiones, una de ellas con Jim. Al ver lo mal que lo estaba pasando, me dijeron que si me apetecía podía irme a vivir con ellos a Brighton. Mi tío me explicó que, teniendo yo 17 años, mis padres no podían obligarme a vivir en casa. Para mí, la oferta de Jim y Miguel, supuso la oportunidad de abandonar una realidad oprimente y empezar una nueva vida. Quería irme ya, pero me convencieron de que era mejor hablar con mis padres e intentar hacer las cosas por las buenas. Decidimos que el sábado 24 de marzo 2001 (nunca olvidaré esa fecha), aprovechando la celebración de mi decimoséptimo cumpleaños, mi tío vendría a comer a casa de mis padres y hablaríamos con ellos. Para que la cosa fuese más fácil, decidí escribirles una carta a mis padres en la que les decía que era homosexual, les contaba lo mal que lo estaba pasando en el colegio y les decía que me iba a vivir a Brighton con Miguel. También les decía que les quería mucho y que esperaba que siguiésemos unidos a pesar de la distancia. Fue una carta que me costó mucho escribir. Derramé muchas lágrimas y la escribí varias veces para intentar encontrar las palabras más apropiadas para decirles lo que sentía.

Finalmente, llegó el día tan esperado y temido. Pasé la noche casi sin dormir por mi estado de nerviosismo. Mi tío llegó a las 12. Recuerdo que me impactó lo contenta que estaba mi madre de volver a ver a su hermano y la frialdad – por no decir el desprecio – del saludo de mi padre. Como habíamos planeado, mi tío hizo como si no me hubiese visto desde hace años. Sólo cuando leyesen mi carta conocerían la verdad. Una vez en el salón, mi madre propuso que abriese los regalos, pero les dije que antes tenía yo una cosa para ellos. Al ir a mi cuarto a buscar las cartas, vi la cara de sorpresa de mi tío. Habíamos convenido que se las entregaría después de la comida, pero no podía aguantar más la situación y decidí precipitar los acontecimientos. Todo fue muy rápido. Saqué las cartas del bolsillo de mi chaqueta y le di una a mi madre y otra a mi padre. Empezaron a leerla y mi madre rompió a llorar. Mi padre la leía con aspecto serio y no decía nada. Cuando acabó de leerla, mi madre vino a abrazarme llorando. No paraba de decir “mi ratoncito, mi ratoncito” (así es como me llama desde pequeño). Sin decir nada, mi padre se levantó del sillón y se fue a su habitación. Mi madre y yo estuvimos abrazados y llorando durante unos minutos hasta que vi volver a mi padre con mi pasaporte en la mano. Se dirigió a mí con un tono muy frío y distante para decirme que no me iba a retener, pero que antes de irme tenía que escucharle. Me dijo que Dios nos pone a todos a prueba y que la tentación homosexual era mi prueba. Se acercó a mí y me dijo, mirándome a los ojos, que sabía que resistir a la tentación sería difícil, pero que era la única posibilidad que tenía de ser un hombre de Dios. Añadió que si escogía sacrificarme me apoyaría y me daría todo lo que necesitase, pero que si cedía a la tentación dejaría de ser su hijo. Mi madre le pidió que no dijese eso. Y él respondió “la homosexualidad no es el camino de Dios y no le acompañaré si toma ese camino”. Recuerdo perfectamente esa frase porque esas fueron las últimas palabras que escuché de mi padre. Dejó el pasaporte encima de la mesa y se encerró en su habitación. Mi madre me pidió llorando que me quedase. Mi tío y yo le explicamos que necesitaba irme para poder reconstruir mi vida y ser feliz. Mi tío prometió a mi madre que se ocuparía bien de mí y yo le prometí que la llamaría por teléfono todos los días, cosa que hago desde ese día. Nunca olvidaré la desgarradora imagen de mi madre llorando al despedirse de mí. Una vez en el coche que había alquilado mi tío, rompí a llorar. Miguel me abrazó y me dijo que tenía que estar orgulloso porque había sido valiente. Nos fuimos a comer y Mi tío aprovechó para darme un regalo de él y Jim. Era una cinta de vídeo de la película “Beautiful Thing”.

Al día siguiente viajamos a Brighton. En el avión, Miguel me dijo que Jim estaba muy ilusionado que fuese a vivir con ellos y que había estado preparando minuciosamente mi cuarto para que me sintiese cómodo. Efectivamente, al llegar a casa, Jim nos estaba esperando loco de contento. Me enseñaron la casa y mi cuarto. Durante los años que viví con mis tíos, Jim se ocupó de mí como de un hijo. Tenía una capacidad de darse cuenta de mi estado anímico que nunca tuvo mi propio padre. Cuando notaba que estaba mal, me ponía la mano en el hombro y me decía “are you alright?” Recuerdo con especial cariño cuando veíamos juntos “Big Brother” (Gran Hermano), comiendo helado. Nos reíamos mucho viendo el programa y cuando mi tío Miguel se enfadaba porque veíamos esas gilipolleces. El cariño de Jim fue esencial para sentirme bien y dejar atrás el sufrimiento pasado.

En Brighton pasé cinco años maravillosos. Fueron unos años de formación personal y profesional que me permitieron reconstruir mi vida. Conocí a otros chicos y chicas lgtb con los que compartí amistad y de los que aprendí mucho. Conocí a mi primer novio, Dale (pronunciado Deil, no seáis malpensados). Nada más verle me enamoré de él. Era muy guapo, pero lo que más me atrajo fue esa sonrisa que tenía y la confianza con la que iba por la vida. Era la prueba viviente que se podía ser joven, gay y feliz. Con Dale hice el amor por primera vez y aprendí a ir por la vida sin miedo. Con él también aprendí lo que duele una ruptura amorosa. Durante esos años, me di cuenta de lo oprimente que había sido mi educación y aproveché al máximo la libertad que tenía viviendo en casa de mis tíos. Tuve una época, después de la ruptura con Dale, en la que follaba más que un conejo. A mis tíos les hacía gracia asistir a la transformación del chaval tímido y reprimido en un follador insaciable. El calentón duró unos meses, hasta que me volví a enamorar. El único momento difícil que viví durante mi estancia en Brighton ocurrió cuando me enteré que a mi padre le diagnosticaron un cáncer. Ocurrió unos meses después de irme de casa y la familia de mi padre me acusaba de ser el responsable de su estado de salud. Mi padre sólo aceptaba hablar conmigo si le pedía perdón y le prometía que iba a cambiar. No lo hice. Mi padre murió en 2003. No asistí a su funeral y no he ido a visitar su tumba. Aunque a algunos les pueda parecer una salvajada, no echo de menos a mi padre. Tampoco siento rencor hacia él, pero no siento su ausencia en mi vida cotidiana. Tras la muerte de mi padre, la relación con mi madre mejoró mucho. Pude visitarla en varias ocasiones y mi tío Miguel y yo la convencimos para que viniese a Brighton a pasar unos días con nosotros. Mi homosexualidad y la muerte de mi padre permitieron a mi madre cambiar y, desde entonces, nos llevamos muy bien.

En 2006, decidí ir a Paris para perfeccionar mi francés y conocí a Alain, mi novio. Tiene 16 años más que yo y, aunque físicamente no corresponde a la imagen que tenía en la cabeza cuando me imaginaba a mi príncipe, somos muy felices. Disfrutamos mucho haciendo la compra juntos, viendo una peli juntitos en el sofá de casa, paseando o, simplemente, quedándonos en la cama los domingos por la mañana. La relación con Alain me ha aportado mucha serenidad y paz interior. Es difícil creer que ese adolescente que sufrió tanto la homofobia de su entorno que rezaba por la noche para no despertar la mañana siguiente vivo pueda ser hoy un hombre feliz. Pero, por muy feliz que sea, nunca olvidaré a ese niño de 13 años que lloraba desconsolado y se hizo pis porque era homosexual y su padre no le aceptaba. No quiero olvidarme de él ni de los chicos que lo estén pasando mal en la actualidad.